Estoy sola sentada al borde del abismo de la eterna mar, miro al frente y veo la luz del amanecer fulgurar. Esa luz me alumbra y siento la incandescencia en mi cuerpo. La brisa del mar me acaricia la tez suavemente y me trae recuerdos del pasado. La tristeza, la nostalgia, recuerdos perdidos por instantes que me hacen pensar del pasado, presente y del futuro incierto. El sonido del refinado violín, la garra de las olas, la naturaleza, el viento volar y las hojas y las hierbas correr. La fuerza de la soledad, del dolor, la experiencia y el amor.

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